Prostituyendo la palabra
June 14th, 2010 Albert Woodgate Divagaciones, Literario | 5 vociferaciones »
¿Sabías que cerca del 90% de la gente que usa la palabra demagogia desconoce lo que significa realmente? En efecto, tan demagoga afirmación no es más que una breve descripción de los tiempos que corren en los que intrincadas e inusitadas palabras son sobrexplotadas tanto por hablante como escritor acompañadas, en múltiples ocasiones, por caóticas estructuras gramaticales en el ejercicio de proveer confusión y desespero al receptor mas siempre acompañadas tales de conjunciones arcaicas e innecesarias, adornadas con un exceso de vocablos sobrantes. Y es que ya no sólo vale que el contexto tenga una finalidad intelectual elevada sino que también ha de aparentarlo, aunque sea mediante el ejercicio de dar vueltas incesantemente sobre una misma idea, aunque no se tenga noción adecuada de las palabras que se están expresando pero aparentando siempre que se conoce su significado a la perfección. Y como no, hacerles uso en el día a día. Todo vale para impresionar a los demás.
Si hablamos de la comunicación oral los ejemplos escasean. La rapidez que exige una conversación fluida impide complicar los argumentos demasiado, aunque se convierte en campo de minas perfecto para calzar algún que otro exabrupto gramatical sin despeinarse. Como decir que el final de Lost te pareció excesivamente bucólico sólo porque fue la primera palabra de escaso uso que se te pasó por la mente. Pero el meollo de todo está en la comunicación escrita. Dejar a profesionales el tiempo que quieran para expresarse da lugar más a un verdadero desastre léxico-gramatical, especialmente en todo lo que son revisiones culturales o prensa escrita. Así pues, hemos llegado a un punto de existencia en el que lo simple no tiene prestigio, y en el que cualquier crítica fílmica de cualquier tipo no es tal si no incluye palabras como fractal, crepuscular, andrógina o, también, postmoderna pero sólo si Charlie Kaufman está detrás.
A pesar de todo, ninguno se libra de tratar de impresionar a los demás con conocimientos, se tengan o no, y yo no me libro de complicar la narración con palabras de más. A veces pienso, incluso, que soy un adicto.
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June 14th, 2010 sobre las 1239
hace escasos días me dolía amargamente a héctor sobre un flagrante y doloroso ejemplo de recargada retórica.
vamos, que hay un tío que sabe lo que no está escrito de baloncesto y que sin embargo convierte sus artículos en tochos infumables a base de recargar, retorcer, repetir y (en mi caso) exasperar. y la gente le aplaude no solo el fondo sino las formas.
viva la simpleza-limpieza en la expresión. sin hacer menoscabo (mira, yo también sé) de la belleza de una prosa detallista. pero cada cosa en su momento.
June 14th, 2010 sobre las 1252
Me acabo de dar cuenta de la cantidad de erratas que contiene el texto. Por hacerlo rápido, a las tantas y mal.
June 14th, 2010 sobre las 1323
de hecho, creo que una afirmación es demagógica, no demagoga.
June 14th, 2010 sobre las 1333
Ahora me pico y no respiro >_<.
June 17th, 2010 sobre las 1525
Buf, no se lo que pretenden los escritores haciendo algo así. Lo único que consiguen es que, si una persona lee un libro y no tiene una vocabulario abundante, no disfrute de la lectura porque no entienda las palabras y se pierda. O en su defecto, verse privado de una lectura fluida y agradable por tener que pararse en cada línea a buscar palabras en el diccionario.