Historias del autor III: Quiero ser James Joyce

February 4th, 2012 Albert Woodgate Literario, Relatos Sin comentarios »

Aquí os cuelgo un nuevo experimento literario que he podido terminar hoy. En gran parte, es fruto de la improvisación y poco de una sosegada reflexión, ya que ahí es donde reside la gracia del mismo. Por el resultado, he decidido que no voy a usar este texto para ir paseándolo por concursos literarios como propuesta que me he hecho a mí mismo para este año. No seáis malos con el texto, aunque espero y ansío sugerencias vuestras.

Link de descarga: Quiero ser James Joyce

Buscar enlaces a esta noticia en Technorati Menea esta noticia Enviar a Fresqui.com Enviar a del.icio.us

Extractos XXI: Y todo sigue igual…

November 25th, 2011 Albert Woodgate Extractos, Literario Sin comentarios »

Este país no tiene remedio, aunque me esté mal el decirlo en mi calidad de extranjero. Existen dos grandes partidos, en el sentido clásico del término, que son el conservador y el liberal, ambos monárquicos y que se turnan con amañada regularidad en el poder. Ninguno de ellos demuestra poseer un programa definido, sino más bien unas características generales vagas. Y aun esas cuatro vaguedades que forman su esqueleto ideológico varían al compás de los acontecimientos y por motivos de oportunidad. Yo diría que se limitan a aportar soluciones concretas a problemas planteados, problemas que, una vez en el gobierno, sofocan sin resolverlos. Al cabo de unos años o unos meses el viejo problema revienta los remiendos, provoca una crisis y el partido a la sazón relegado sustituye al que le sustituyó. Y por la misma causa. No sé de un solo gobierno que haya resuelto un problema serio: siempre caen, pero no les preocupa porque sus sucesores también caerán.

Lepprince, La verdad sobre el caso Savolta.

Personaje de un libro de Eduardo Mendoza escrito en 1975 y que habla de una época anterior, de 1919. Da miedo pensar que, después de más de noventa años todo sigue igual.

Buscar enlaces a esta noticia en Technorati Menea esta noticia Enviar a Fresqui.com Enviar a del.icio.us

Extractos XVII: puertas

August 24th, 2010 Albert Woodgate Extractos, Literario Sin comentarios »

No veas la vida como un camino sobre el que no puedas dar marcha atrás o cambiar de dirección. Mírala como un conjunto infinito de puertas, como si fuesen el premio oculto de un concurso de televisión. En la vida lo que más falta y sobra a la vez es tiempo, así que utilízalo para dedicarte a abrir puertas sin parar y mirar su contenido. Quien sabe, quizás algún día, tras una de esas puertas, encuentres tu apartamento en Torrevieja.

Extracto de una nueva historia que estoy escribiendo.

Nunca es tarde para abrir una puerta más…

Buscar enlaces a esta noticia en Technorati Menea esta noticia Enviar a Fresqui.com Enviar a del.icio.us

Consejos para novelistas primerizos I

July 21st, 2010 Albert Woodgate Literario 3 vociferaciones »

Sé que no soy la persona más adecuada para dar consejos para escribir una novela con lo amateur que soy pero, visto en la escritura de mi primera novela, no he podido evitar sacar un listado de consejos (algunos bastante obvios) para una correcta escritura de la misma. Es por esta brutal experiencia que, pese a este soberano acto de prepotencia aconsejadora, agradezco cualquier añadido o corrección en los comentarios del post.

Consejos para escribir una novela.

  • Escribir: escribir, escribir, escribir, escribir. El más evidente, el no parar. Lo que sea. Aunque no tenga nada que ver con la novela que quieres finalizar. Aunque no entretenga. Tu día, tus sentimientos, un chiste que se te acaba de ocurrir. Lo que sea. No pares. Por mi experiencia, cuanto más escribas, más se arrimarán las musas a ti a darte calor, sexo, cariño e ideas.
  • Leer mucho: otro bastante evidente. Leer, no parar de leer. Pero ojo, siempre que sean otras novelas que tengan relación con lo que quieres expresar en tu novela, ya sea en forma o en fondo. Sobre todo procurando no entrar en artículos ya sean de prensa o de internet (aunque pueden ser válidos para las labores de investigación) ya que debido a su lenguaje y su escritura acelerada (propensa a miles de erratas) no ayudará en la escritura. Tened en cuenta que se nos pegará su estilo de escritura, tanto virtudes como defectos.
  • Empieza por el capítulo 2: al menos para mí, lo más difícil a la hora de escribir es empezar. ¿Y si eludimos el comienzo? ¿Y si empezamos a escribir cuando la novela ya está iniciada? La primera palabra, la primera frase, el primer párrafo, es quizás de las bases más importantes de una novela, suficiente para que un posible lector decida si leerte o no. Si empezamos por el segundo capítulo, podemos eludir ese arduo comienzo hasta que tengamos más rodaje y conozcamos mejor lo que estamos escribiendo. O, quien sabe, incluso lleguemos a tirar ese primera capítulo y prefiramos iniciar todo en el capítulo dos.
  • No las hojas de descripciones de personajes: mucha gente mucho más ducha que yo suele aconsejar hacer una descripción bastante exhaustiva de los personajes. Entiendo que se haga para cosas concretas como edad, profesión, residencia y similares. Pero hay gente que busca una descripción exhaustiva de la personalidad de los mismos. Avaricioso, terco, amable. ¡Algo tan abstracto! Para mí, esas palabras no me dicen nada. Y menos cuando buscamos que los personajes sean lo más realistas posibles cuando esas mismas cualidades no son algo fijo sino flexible. Además, te incitan a usar a esos personajes como si de marionetas se tratasen cuando, realmente, ellos han de hacer lo que les apetece. Tú eres la marioneta. ¿Entonces cómo vamos a conocer a los personajes sino los describimos? La mejor forma, a mi gusto, es escribiendo pequeñas historias respecto a ellos en los que se sometan a cosas mundanas, lo que te apetezca. Que se vean en su rutina, no tiene por qué ser entretenido. Que se muestren en su pasado. El objetivo es conocerlos mejor. Y, quién sabe, incluso puede que de ahí salga algo que luego merezca aparecer en la novela.
  • No desestimes ideas a la ligera: muchas veces puede ocurrir que una premisa inicial para una novela o relato por muy buena que sea pueda tener mucho menos fuelle del que se le suponía en un primer momento. Antes que tirar esa idea, la mejor opción es reciclarla. Es decir, guardar ideas para otros relatos y usarlos en los que actualmente se están escribiendo o en otros que escribiremos posteriormente.
  • Haz que la estructura sea flexible y no estática: a la hora de escribir una novela, normalmente se suele comenzar realizando una estructura inicial de lo que se quiere contar, con qué personajes y el camino que va a seguir la narración de la historia. Por ejemplo, se pueden separar los capítulos de la novela con un breve resumen de cada uno de ellos. O bien haciendo un diagrama con lo que va ocurriendo a cada personaje paso a paso. O bien, bueno, mil formas que cada uno realizará de forma personal. Una estructura inicial que intentaremos seguir inalterablemente y en la que lo ideal será siempre procurar que ésta varíe por necesidad o por alternativa más adecuada, incluso el orden de los capítulos. Algunos autores incluso recomiendan que se empiece a escribir a pelo, con una idea y sin un boceto inicial, ya que la ignorancia de los hechos que acontecerán es el mejor incentivo para que un escritor se adentre a la hora de escribir una novela.

Y aquí acabo, de momento, con mis escasos conocimientos para escribir una novela.

Buscar enlaces a esta noticia en Technorati Menea esta noticia Enviar a Fresqui.com Enviar a del.icio.us

Prostituyendo la palabra

June 14th, 2010 Albert Woodgate Divagaciones, Literario 5 vociferaciones »

¿Sabías que cerca del 90% de la gente que usa la palabra demagogia desconoce lo que significa realmente? En efecto, tan demagoga afirmación no es más que una breve descripción de los tiempos que corren en los que intrincadas e inusitadas palabras son sobrexplotadas tanto por hablante como escritor acompañadas, en múltiples ocasiones, por caóticas estructuras gramaticales en el ejercicio de proveer confusión y desespero al receptor mas siempre acompañadas tales de conjunciones arcaicas e innecesarias, adornadas con un exceso de vocablos sobrantes. Y es que ya no sólo vale que el contexto tenga una finalidad intelectual elevada sino que también ha de aparentarlo, aunque sea mediante el ejercicio de dar vueltas incesantemente sobre una misma idea, aunque no se tenga noción adecuada de las palabras que se están expresando pero aparentando siempre que se conoce su significado a la perfección. Y como no, hacerles uso en el día a día. Todo vale para impresionar a los demás.

Si hablamos de la comunicación oral los ejemplos escasean. La rapidez que exige una conversación fluida impide complicar los argumentos demasiado, aunque se convierte en campo de minas perfecto para calzar algún que otro exabrupto gramatical sin despeinarse. Como decir que el final de Lost te pareció excesivamente bucólico sólo porque fue la primera palabra de escaso uso que se te pasó por la mente. Pero el meollo de todo está en la comunicación escrita. Dejar a profesionales el tiempo que quieran para expresarse da lugar más a un verdadero desastre léxico-gramatical, especialmente en todo lo que son revisiones culturales o prensa escrita. Así pues, hemos llegado a un punto de existencia en el que lo simple no tiene prestigio, y en el que cualquier crítica fílmica de cualquier tipo no es tal si no incluye palabras como fractal, crepuscular, andrógina o, también, postmoderna pero sólo si Charlie Kaufman está detrás.

A pesar de todo, ninguno se libra de tratar de impresionar a los demás con conocimientos, se tengan o no, y yo no me libro de complicar la narración con palabras de más. A veces pienso, incluso, que soy un adicto.

Buscar enlaces a esta noticia en Technorati Menea esta noticia Enviar a Fresqui.com Enviar a del.icio.us

Duda semántica: más buena o mejor

February 25th, 2010 Albert Woodgate Gracioso, Literario Sin comentarios »

lucypinderpequeEstoy teniendo una pequeña duda ortográfica, o semántica, o sintáctica, no estoy muy seguro de qué área representa, así que acudo a vosotros, queridos lectores, para que me la resolváis. ¿Existe alguna posibilidad lingüística en la que se pueda usar antes más buena que mejor? Es decir, el adjetivo comparativo mejor se usa normalmente en sustitución del más bueno que cuando se usa el verbo copulativo ser y cuando se refiere a que algo es superior a otra cosa (no cuando es adjetivo de bondad, claro). Sin embargo, cuando este comparativo viene precedido del verbo estar. ¿No sería más legal utilizar el comparativo más bueno que? Veámoslo con un par de ejemplos:

Michelle Marsh
Michelle Marsh está más buena que tu novia.

En ese caso, creo que el comparativo sería correcto. ¿No? Porque no queremos decir que sea mejor que tu novia, sino sólo que está más buena. Es la duda que tengo, que no sé si en este caso sería más válido el mejor que o más buena que. O incluso si son válidas ambas acepciones. No soy literato por eso no lo sé. Aunque creo que el uso del comparativo mejor, en este caso, sería más válido al usarlo en una frase como ésta:

Keeley Hazell
Las tetas de Keeley Hazell están mejor puestas que las de tu novia.

Resolvedme esta duda, por favor, no podré dormir por las noches hasta que no la haya resuelto. Si no os ha quedado clara la duda que he publicado, hay muchos y muy esclarecedores ejemplos por internet. Gracias de antemano.

Buscar enlaces a esta noticia en Technorati Menea esta noticia Enviar a Fresqui.com Enviar a del.icio.us

Experimento literario. Capítulo III: La decisión

September 14th, 2009 Albert Woodgate Literario, Relatos 6 vociferaciones »

Nota: este es un capítulo de un experimento literario que estoy haciendo con Azrael, en el cual cada uno de nosotros va escribiendo un capítulo diferente sobre la misma novela. La gracia de este experimento es que cada nuevo capítulo el otro lo leerá al mismo tiempo que todos los demás y ninguno de los dos sabe por dónde le va a llevar el otro. Si queréis meteros en el meollo de la historia, os dejo un listado con los capítulos anteriores para que podáis engancharos:

Capítulo 3: La decisión

-Ya está, Parker, ya está. Todo ha acabado. Lo he hecho. He matado a Noemí. -digo por teléfono.

Parker es mi mejor amigo, el único que me ha apoyado todos estos años. Todos los demás no han mostrado el más mínimo interés por mí ni mis problemas, sólo soy uno más en un grupo de amigos que sólo queda para emborracharse y, de vez en cuando, ligar en discotecas. Auténticos desconocidos entre nosotros. Pero con él es diferente, con él puedo hablar de cualquier tema sin tapujos, ser sincero, porque sé que en ningún momento me va a juzgar. Su verdadero nombre no es Parker. Realmente se llama Íñigo Ignacio pero le avergüenza tanto llamarse así que se puso a sí mismo un seudónimo. Y como tiene placa y pistola decidió americanizarse del todo y rebautizarse con un nombre anglosajón.

-Lo sé, lo he visto en las noticias. -dice.

-Es viernes noche. ¿Vamos a salir a celebrarlo?

-Necesito que vengas a casa de Rafa, ha ocurrido algo.

Le digo que voy para allá y cuelga. No sé qué ha podido pasar con Rafa pero desde luego nada bueno. Rafa es un compañero del grupo. No sé a qué se dedica. No sé cuáles son sus hobbies. Sólo sé que en noches normales no pasa de la cerveza y que una noche especial no le surge como a la mayoría de los mortales. Tiene que tenerla preparada, comprarse sus gramos de coca, y llevar la billetera llena para no cesar en toda la noche de ingerir cubatas, prefiriéndolos de Beefeter o Jack Daniels. Y nunca aparece en eventos que se realicen antes de las diez de la noche. Y no sé nada más de él. Cojo el bus hasta su casa, el último de esa línea, y llego en veinte minutos. No recuerdo el piso así que llamo a Rafa pero no me lo coge. Acto seguido, llamo a Parker y me abre la puerta. Cuando llego a su piso, me encuentro la puerta abierta y Parker en la misma, esperándome.

-¿Qué ha pasado? -pregunto.

-Míralo por ti mismo.

Entro al piso y me encuentro a Rafa tirado en el suelo, con la cabeza reventada, encima de una alfombra encharcada en sangre. No me impresiona, anoche ya vi algo similar de cerca pero no quiero acostumbrarme a ver cadáveres con tanta asiduidad. No creo que sea bueno para mi salud mental. En su mano derecha, sujeta una pistola.

-¿Qué ha pasado?

-Se ha suicidado. -dice.

Suicidio. Todo ser humano que se precie alguna vez en su vida ha pensado en suicidarse. Sin ir más lejos, es una idea recurrente en mi cabeza. Siempre he fantaseado con quitarme la vida, me relaja. Siempre he imaginado distintos modos con los que proceder, tratando de dar preferencia a los menos dolorosos. Y sobre todo asegurándome que moriría. Mi elección sería tirarme desde lo alto de un edificio, es la mejor opción. Muerte instantánea. No hay modo de fallar. No hay vuelta atrás. La caída será lo más excitante que hagas en tu vida. Y, encima, podrás disfrutar de tus 15 minutos de fama post-mortem. ¿Y todo por qué? La mayoría de la gente lo haría por esa muestra de cojones que es poder elegir qué día y cómo vas a morir . Te sientes superior al hacer algo que los demás no son capaces de hacer. Morir porque tú lo has elegido. Escupirle a Dios en toda la cara. Pero poca gente lo hace, la mayoría espera a que sea la naturaleza la que decida. Sin embargo, no lo haría por ese motivo. Si lo hiciese, me suicidaría para saber qué gente acudiría a mi funeral. Qué gente me echaría de menos. Qué gente lloraría mi ausencia. Si realmente alguien lo haría. Pero al igual que esa mayoría que espera a la naturaleza, no soy capaz. ¿Y si luego resulta que lo que quiero saber no puedo saberlo debido a mi estado inerte? ¿Y si no vuelvo como entidad abstracta e invisible como en tantas películas? De momento, quiero seguir viviendo tanto como sea posible, y no me puedo permitir correr un riesgo tan grande como ese.

-¿Por qué lo ha hecho? -pregunto.

-No lo sé, no le llegué a preguntar.

-Nunca creí que Rafa fuese capaz de hacerlo.

Parker se agacha y empieza a observar el horroroso panorama detenidamente. No sé qué está pensando. No sé qué pretende ni qué hago yo aquí. Coge el arma homicida y la guarda en los pantalones de Rafa. Luego, se pone a tocar la alfombra que hay bajo el cadáver.

-Esas manchas de sangre no hay quien las quite. Pobre Rafa. Se pega un tiro y encima se carga su propia alfombra. Qué pena. -digo.

-No es su alfombra, es mía. Se la presté.

-¿Le prestaste tu alfombra?

-Sí, eso he dicho.

-¿Y para qué coño te iba a pedir él una alfombra?

-Yo qué sé, la necesitaría. Ahora ven aquí y ayúdame.

-¿Qué quieres que haga? -digo.

-Ayúdame a enrollarlo con la alfombra. Nos lo llevamos de aquí.

¿Nos lo llevamos de aquí? La situación cada vez me sorprende más.

-¿Llevárnoslo? ¿Por qué?

-Porque sí, es lo mejor. Hazme caso.

-¿Y no deberías llamar a la policía mejor? -digo.

-No, no tengo que llamar a la policía. No tengo que llamar a nadie. ¡Nadie va a llamar a nadie! ¿Me has oído? Nadie necesita saber qué ha pasado aquí. Así que ayúdame a sacarlo de aquí y no hagas más preguntas. ¡No necesitas saber nada más! No estás en posición para pedirme explicaciones a mí.

Me agacho, me acerco a la alfombra y le ayudo a enrollar el cadáver. Parker está irreconocible, no parece él mismo. Nunca antes lo había visto cabreado. Nunca antes lo había visto perder los papeles por muy difícil que fuese la situación. Nunca antes me había dado miedo. Le miro a los ojos y trato de buscarle. Sólo quiero saber que mi amigo sigue estando ahí.

Al terminar de enrollarlo, Parker saca un rollo de cinta adhesiva de su bolsillo y se dedica a asegurar con ésta el féretro de Rafa. Yo le ayudo levantando el cuerpo para que él pueda rodearlo sin problema. Con inusitada calma. Como si fuese un profesional, como si lo hubiese hecho cientos de veces. No quiero acostumbrarme a lidiar con cadáveres a diario. Sólo quiero que Parker limpie todo mi rastro de la muerte de Noemí, ayudarle con este asunto que no acabo de comprender y olvidarme de todo esto. No más muertos, al menos, hasta que tenga la necesidad de matar nuevamente.

Finalmente, coge dos bolsas de basura y coloca cada una en un extremo de la alfombra, para posteriormente darle otro retoque con su cinta adhesiva. Supongo que las coloca para evitar que vaya chorreando sangre cuando nos lo llevemos. Acto seguido, aparta a Rafa y friega toda la zona que quedó manchada tras su suicidio.

-Muy bien, ya está listo. Ahora vámonos, no tenemos tiempo. Vendrán en seguida. No podemos estar aquí. -dice Parker.

-¿Quién viene?

-Los tipos malos.

Me dice que salga y llame al ascensor. Que le avise si viene alguien. Él rebusca en un cajón entre un montón de llaves y coge las del piso y el coche de Rafa. En cuanto llega el ascensor, cogemos a Rafa y lo metemos dentro. Parker me deja con el muerto mientras cierra la puerta del piso con llave. Acto seguido, se mete en el ascensor y vamos al garaje. Le pregunto que qué vamos a hacer con él. Le pregunto que quién eran los tipos que mencionaba y qué querían. No me contesta. Sólo se queda mirando la puerta del ascensor detenidamente, inamovible, mientras en su mano derecha mantiene sujeta con férrea decisión su pistola reglamentaria.

Buscar enlaces a esta noticia en Technorati Menea esta noticia Enviar a Fresqui.com Enviar a del.icio.us

Historias del autor II: Lo único que importa

August 24th, 2009 Albert Woodgate Literario, Relatos Alguien ha vociferado »

Esta historia la escribí hace multitud de tiempo pero, vamos, aún no la había subido a la internet para que la gente la pudiera leer. Aquí os la dejo, la envié al Creajoven del año pasado con lamentable resultado. Pero bueno, creo que se me quedó bastante bien. Opiniones al respecto, en los comentarios habilitados para lo mismo.

Lo único que importa

Otras historias subidas anteriormente: Historias del autor I

Buscar enlaces a esta noticia en Technorati Menea esta noticia Enviar a Fresqui.com Enviar a del.icio.us

El abuelo

December 3rd, 2008 Albert Woodgate Gracioso, Literario 4 vociferaciones »

Disclaimer: El texto que se relata a continuación trata sobre personas ficticias que no mantienen relación alguna con al autor de esta entrada.

Aún recuerdo cuando mi abuelo vivía. Han pasado muchos años desde que lo ví por última vez pero tengo su imagen grabada en mi mente. Recuerdo que para mi visión de niño él siempre fue una persona mayor, una persona que no envejecía sino que había sido siempre vieja. Nunca lo vi empeorar porque desde siempre estuvo peor. Recuerdo que era activo, que a nosotros, sus nietos, nos llevaba al parque y jugaba al fútbol con nosotros. Él se encargaba de marcar los goles, quizá era su forma de sentirse superior a alguien a su edad, a unos niños de 10 años que mal daban patadas a un balón, de las muchas que recibiría su espinilla. Y él las aguantaba con maestría, con dureza, como si de un niño mayor se tratase. Recuerdo quedarme impávido cuando mi abuelo cambiaba su rostro cuando volvía al hogar, cuando daba rienda suelta a mostrar sus achaques de salud. Mi abuelo se conformaba con ser la pesada carga familiar, promulgando ante sus hijos sus reumas, ciáticas, diabetes y alguna que otra artritis. La familia actúa como mejor ve y le ayuda como mejor puede, contratando masajistas para sus contínuos dolores de espaldas, pagándole y comprándole todo aquello que necesitaba, incluso proveyéndole del mejor trato humano posible. Yo, sin embargo, no era capaz de comprender tal diferencia entre mi abuelo deportista y el achacoso. Incluso se lo comentaba a mis padres, pero ellos ni atendían, sólo repetían que se encontraba ya muy mayor y estaba enfermo. Recuerdo que, incluso, mi abuelo aprovechaba para dar una jerga sobre cualquier tiempo pasado fue mejor, procediendo a espetar ruidosos comentarios xenófobos, homófobos, racistas, profranquistas, cristiano-nazis y, ya que nos ponemos, medievales. Sus hijos ya lo daban por perdido. Chocheaba a todos los niveles y, pese a que les hervía la sangre con sus comentarios, se los tragaban. No querían que cualquier cosa alterase su estado anímico y le diese un chungo.

Recuerdo que un día yo, que era joven pero no tonto, me acerqué a mi abuelo y le pregunté:

-Abuelo. ¿Por qué finges estar enfermo?

Y él, con el aire distinguido que sólo una copa de coñac le podía reportar, me contestaba:

-Porque cuando uno llega a la vejez ya no le queda nada que hacer, sólo tratar de llegar a la tumba lo más a gusto posible. Si no lo fingiera, no tendría todas estas atenciones que me brindan. A una persona aparentemente sana no la ayudarían tanto como a mí. Será nuestro secreto.

-¿Y por qué dices todas esas cosas feas que tanto mosquean a mis papis?

-¿Eso? Porque a mi edad puedo decir lo que me salga de las pelotas, molestando al personal, sin que nadie se vea capaz de rebatirme. Y, joder chico, tú no sabes el gusto que da cagarse en la mano que te da de comer.

Buscar enlaces a esta noticia en Technorati Menea esta noticia Enviar a Fresqui.com Enviar a del.icio.us

Sufrimiento

September 1st, 2008 Albert Woodgate Divagaciones, Literario 10 vociferaciones »

Como la mayoría de los mortales, he vivido la mayor parte de mi vida. He tratado de usar mi tiempo como mejor he sabido, he descansado cuanto he querido y he acudido a momentos de pereza en épocas en las que el tedio era el peor de mis enemigos. No he sido nunca un hombre que ha dejado las cosas a las manos del Destino, sino alguien que ha sabido en todo momento qué lugar ocupa en la Tierra. Como todos, poseo multitud de defectos que , si realmente me conoces bien, sabrías señalar. Sin embargo, hay determinado defecto que he sabido ocultar con maestría a la población. Un defecto que me ha obligado engañar a los que me rodean, incluyéndome a mí, con tal de poder mantenerlo avivado. Un defecto. Soy adicto al dolor. Adicto al sufrimiento más interno, al dolor del alma. ¿Entiendes ya por qué mis continuas depresiones? Mis continuos bajones cuando espetabas más de dos palabras negativas de tu boca con ánimo crítico. Todo era una estratagema anímica inconsciente, hundirme gravemente para disfrutar con mi desafortunada y paupérrima valía. Si algún ser allegado falleciese gravemente, pese a que mi cara no lo acompañase, yo sería el ser más feliz del mundo. Moriría con una sonrisa en el alma, un emotivo orgasmo póstumo. Y todo por tratar de complicar el camino de una vida tan fácil de vivir como es la mía.

Por esa misma razón corté contigo. Sabía que perderte era lo peor que me podía pasar en la vida. Por eso me inventé todas esas excusas de patio de colegio. Todo lo que te dije era un fraude para poder convertirme en el ente más desdichado del planeta. Quería sentir lo que era eso, lo que era padecer la mayor de las miserias. Y durante días lloré en todo rincón, sufriendo como un cerdo, disfrutando de cada momento en el que me apenaba de nuestra separación. Quería destruir mi mundo perfecto, es demasiado sencillo simple para mí. Sin embargo, tras varios días, este dolor-disfrute comenzó a convertirse en dolor de verdad. Me introduje en un círculo vicioso en el que cada pena afloraba otra nueva y no cesaba de echarte de menos. He superado el límite de mi adicción, cayendo en una depresión de verdad, empezando a dañar mi salud mental, impidiendo que todo esto sea no vuelva a ser gracioso. Nunca más.

Sé que te he hecho daño, pero te pido por favor una segunda oportunidad. Y que me comprendas. Que entiendas porqué lo he hecho y que sepas que te quiero. Que comprendas mis defectos, nadie es perfecto. O sino nunca más podría volver a ser feliz.

Buscar enlaces a esta noticia en Technorati Menea esta noticia Enviar a Fresqui.com Enviar a del.icio.us