
We’ve got to blame Canada, we’ve got to make a fuss! Before someone thinks of blaming us!
Sheila Broflovski.
Todo el mundo sabe que, recientemente, le he cogido un aprecio especial a la serie South Park, a la cual ya le he dedicado alguna que otra entrada en el blog. Todo porque, de repente, descubrí que aquella patochada de chistes burdos e insultos gratuitos no eran más que un disfraz sobre el que se ocultaba una de las mayores (y mejores) muestras de humor inteligente que haya visto jamás. Así fui investigando, temporada tras temporada, empezando por las últimas y yendo hacia atrás. Al final, alcancé sus primeras temporadas, normalmente más que satisfecho con los resultados, hasta que redescubrí el motivo por el que rechazaba la serie: el componente burro y falto de crítica se incrementaba en sus primeros capítulos. Hasta el punto de ser incapaz de tragar esos inicios tan lamentables que tuvo la serie. Tan flojos. En el que la carcajada destacaba por su ausencia. Es por ello que, el pasado sábado, decidí revisionar la película que Trey Parker y Matt Stone hicieron por esas fechas, en VOS. Y no me puedo creer lo que vi.
El lenguaje: La comedia musical
La película en sí tiene una estructura clara, y para nada gratuita. Desde un principio, la propia serie (como luego harían Happy Tree Friends y tantos otros) trataba de dotar a un espacio para adultos de una estética infantil y pueril, simulando estar dirigida a audiencias jóvenes que para el que es su target real. Para la película, dan un paso hacia delante, fundiendo su ya infantil diseño y convierten el show de animación de South Park en una tradicional de Walt Disney, inundándolo de canciones siendo (la mayoría) en tono alegre. En muchos de sus casos, si se modificase la letra de las canciones, muchas de ellas calzarían perfectamente en películas de la compañía de dibujos, en especial Montain Town o Up There. Sin embargo, no es el único motivo. Cualquier fan es conocedor de la gran afición que tienen Parker y Stone por componer canciones para sus proyectos (curiosidad tengo por el musical sobre los mormones que han estrenado recientemente en Broadway. De ahí que no sólo calcen estupendamente, sino que encima evaluadas independientemente son cualitativamente válidas, hasta alcanzar su cénit en esas dos obras maestras de la canción que son el orgasmo de Viva la Resistance y la nominada al Óscar Blame Canada que, por sí sola, resume todo el contenido de la película.
El medio: La autorreferencia
Tampoco es el primero ejemplo, en South Park, como método para desarrollar una trama la continua autorreferencia. Ni tampoco sería la última vez. Ya íbamos avisados conociendo la referencia directa que hacen los célebres personajes Terrance y Philip como alter egos de Trey Parker y Matt Stone (también lo son Stan y Kyle, pero estos dentro de la estructura narrativa tiene una función diferente), al igual que las críticas que hacen los personajes directamente sobre la serie canadiense son traslaciones literales de las que recibió South Park en sus inicios. Pero no contentos con ello, centran la película en una premisa: la película habla exclusivamente de la propia película. En efecto, el estreno Asses on fire que va a ver el cuarteto protagonista es un referencia directa a la película que ve el espectador, al igual que todas las consecuencias de ese estreno simbolizan las que preveían que recibirían. No es una suposición al azar: los comentarios de Cartman (define la animación de Terrance y Philip como cutre), de los habitantes de South Park, y es sabido que los autores pretendían que su película tuviese un rated R al igual que Asses on Fire. Por ello metieron su humor grueso más grueso de lo que acostumbran, pasándose por el forro las normativas de la MPAA al respecto. Incluso, insistieron con un chiste de zoofilia metiendo a la madre de Cartman follando con un caballo pero, al parecer, visto que allí está prohibido representar a una mujer en tales quehaceres, reincideron representando a un señor dándole por culo a un, también, caballo adquiriendo este chiste un intención mayor.
El mensaje: Blame Canada
Pero, como viene siendo habitual, nada es casual en esta película. Los dos apuntes anteriores tienen una función mayor, más allá del entretenimiento soez o el chiste fácil. Hay un mensaje. Bien resumido en la canción Blame Canada y bastante contradictorio por sí mismo, y mucho más obvio de lo que evidenciaba en primeros visionados. En sí mismo, el mensaje trata dos cosas. Por un lado, parodia y pone en evidencia a una sociedad guardaría (en este caso, norteamericana, pero resulta fácilmente exportable) que trata de culpar a otras circunstancias ajenas de la incapacidad educativa o la perversión de la juventud. Vamos, hablamos de seguir una forma de actuar (ya sea con los propios hijos, ya sea el Gobierno con los ciudadanos) censora y muy defensiva que pretende recortar las libertades sociales presuponiendo que los defendidos no son capaces de discernir qué es bueno o malo para ellos. Que como nosotros no somos capaces de impedir que menores entren a ver una película para mayores, entonces, la respuesta es culpar a otros y quitar de las salas esa aberración. Un ejemplo muy cercano que permite que este mensaje siga siendo actual es la retirada de las carteleras de la película A Serbian Film.
Por otro lado, sin embargo, el mensaje resulta un tanto más complejo. Ese primer vistazo es un derivado del que es el primer problema original y principal crítica de la película: ya que no tenemos tiempo para criar a nuestros hijos, dejemos que lo haga la tele. En definitiva, que la sociedad busca en todo momento que los medios audiovisuales o artísticos tengan una función mayor. Que no sean meros entretenimientos sino que tengan una función educativa con el público. Se le da un valor y se pone en una posición que no le corresponde, cuando un producto artístico no tiene la obligación de enseñar nada a los que lo visionan (aunque, en este caso, lo pueda tener). Es por ello algo contradictorio que un producto que trata de quitar esa obligación moral del cine, tenga su enseñanza implícita. Y no como únicamente, pues hay múltiples lecturas que se pueden sacar del contexto del filme, como las continuas referencias a ese doble rasero censor en donde se decide que es mucho más hiriente para la juventud un mero desnudo que la violencia injustificada. En resumen, otro paisaje más de una sociedad emponzoñada fácilmente escandalizable y tan poco dada a ser capaz de una mínima autocrítica.
Más información: Querida MPAA