¿Por qué digo SÍ a Álex de la Iglesia?
January 28th, 2011 Albert Woodgate Cinefilia, Ídolos y obsesiones Sin comentarios »
Sé que no os va a sonar a novedad que os afirme que el que aquí escribe es fan irreductible de Álex de la Iglesia. Digo sí a la inmensa mayoría de sus películas de un señor que, a sus escasos 45 años, ya se ha convertido en toda una referencia fílmica, no sólo española, sino en todo el mundo. Uno de esos genios que escasean pese a que sus últimos intentos hayan sido más fallidos de una forma u otra. Por lo tanto, no es de extrañar que tras los últimos acontecimientos sea yo quien salga en su defensa, como sería la actuación lógica en una situación en la que la objetividad se mantiene al margen.
Pero no es eso lo que vengo a hablar, realmente. Como todos sabréis, compartimos el mundo con un montón de personas de las cuales, la mayoría que no son uno mismo, son imbéciles, carentes de pensamiento crítico y raciocinio. Entes capaces de tragar y tragar frases sacadas de contexto, titulares amarrillistas, y convertirlos en la verdad absoluta siempre y cuando estas verdades universales tengan cercanía con la opinión del sujeto en cuestión. Borregos irracionales que tienen la suficiente fuerza como para cantar al mismo son, transformarte en trending topic en Twitter, y controlar el pensamiento único popular para convertirte de villano a héroe. Pero sólo si piensas como ese rebaño. O, al menos, sólo si ese rebaño está convencido de que piensas como ellos, aunque se equivoquen. Hipócrita que gran parte de esa manada que inunda tanto redes sociales como agregadores de noticias, que cree haber visto la Luz porque salió en portada de Menéame (esta frase se la he copiado a alguien, creo que a Henrique Lage o a Polispol, siento no recordar el autor original), critique con la misma fuerza que la Academia de cine sólo se pronuncie al respecto de la Ley Sinde cuando la opinión de Álex de la Iglesia no era la que ellos querían. Hipócrita y absurda crítica.
Este rebaño se equivoca al idolatrar a Álex de la Iglesia por tan burdos motivos. ¿Sólo hay querer u odiar a alguien porque opina como nosotros? ¿Vamos a dedicarnos ahora a escupir sobre los otros 40 millones de españoles por tener una visión distinta de cualquier otra cosa, por nimia que sea? Ese rebaño que cuando se dé cuenta que él no opina igual que ellos (se equivoque él, se equivoquen ellos, se equivoquen todos, o no lo haga nadie) volverán a lapidarlo y atribuirle una traición que en ningún caso se dio. Si hay un motivo o una razón por la cual se deba de apoyar a este tío es porque hizo lo que nadie hizo. Aunó posturas, negoció, buscó una solución que satisficiese a ambos bandos pese a que no era su labor. Habló, dialogó y dimitió cuando había visto que su forma de actuar no era la más correcta en su puesto. Y dio una lección de política de verdad a tantos y tantos políticos que hay y han habido en España. Eso, y sólo eso, es lo que le honra y no sus opiniones personales sobre cómo resolver el asunto de las descargas e internet, sobre lo cual hay tantas opciones como culos. Pero en este país de pandereta, que tanto nos gusta encumbrar a famosos como derruirlos cuando están en la cima, nos conformamos con pocos y banales motivos para llevarlos a un lado u otro.
Imagen vía: Estamos en directo








