El hombre que embotelló el sol

Convirtió un pequeño y soñoliento pueblo de pescadores en la costa valenciana en un destino para hordas de turistas que buscan diversión y sol. Pedro Zaragoza, el alcalde de Benidorm desde 1951 hasta 1967, era una figura inteligente, abrumadora, aficionada al exceso. Y fue él quien diseñó una ciudad perfecta para acoger la revolución turística de clase media que estaba a punto de barrer el continente europeo.

Un documental explora su legado, subrayando sus logros y evidenciando las falsedades detrás de algunas de las leyendas urbanas que al propio Zaragoza le gustaba alimentar.

Zaragoza era amigo de la familia del dictador Francisco Franco; La esposa del dictador, Carmen Polo, incluso se quedó en su casa algunos días. Pero mucho antes de eso había deducido sabiamente que la necesidad de inversión extranjera de España conduciría al régimen a abrirse al turismo, a pesar de la amenaza de una influencia externa sobre la sociedad española.

Tuvo además la visión que el gobierno español acabaría aceptando cosas sorprendentes (para la sociedad española de la época) como el bikini, que unilateralmente permitió en las playas de Benidorm a partir de 1952.

En cuanto a la materia prima, ya estaba allí: playas prístinas en una costa mediterránea prácticamente virgen. Y sol. Sol todo el año.

El documental El hombre que embotelló el sol, dirigido por Óscar Bernácer y producido por Jordi Llorca, no pinta el cuadro de un visionario.

En cambio, Zaragoza es descrito como un hombre que era lo suficientemente astuto como para detectar el gran potencial de la zona en el momento oportuno, cuando el recién ganado estado de bienestar ofrecía a los trabajadores vacaciones pagadas y los operadores turísticos ofrecían a los extranjeros un acceso fácil y rápido al sur de Europa.

Eran años en que los turistas, literalmente, se agolpaban a las puertas de Benidorm. En la década de 1950 apenas había un par de hoteles en Benidorm y un sólo B&B. Los turistas estaban en búsqueda desesperada de alojamiento en Benidorm, hasta pidiendo a los lugareños que le alquilases una habitación.

El alcalde captó esta demanda planificando una ciudad para decenas de miles de turistas en un momento en que la población local registrada era poco menos de 3.000 almas.

Pedro Zaragoza optó por un desarrollo vertical y pesado desde el punto de vista paisajístico. El documental recrea una escena en la que el arquitecto catalán Juan Guardiola supuestamente sugirió tres maneras diferentes de construir la nueva ciudad, utilizando un paquete de cigarrillos como modelo, y finalmente se decidió para el que aprovechaba al máximo el espacio disponible.

Un modelo de promoción turística muy innovador

Utilizando testimonios de expertos en turismo, gerentes de hoteles, urbanistas, historiadores, sociólogos, antiguos empleados de la ciudad y familiares, los cineastas muestran cómo el modelo Benidorm también fue innovador en su promoción en el extranjero.

benidorm turismo

En un momento en que las campañas de turismo eran dirigidas principalmente por el gobierno español para el consumo doméstico, Zaragoza inundó Alemania con lonas publicitarias que indicaban la distancia en kilómetros hasta Benidorm.

El alcalde viajero también fue titular en los periódicos del norte de Europa cuando fue a recoger a una familia de Laponia y la llevó al Mediterráneo para darles un paseo por la playa en sus trajes tradicionales.

Zaragoza colocó ramas de almendro con flores en flor en las ventanas de las capitales escandinavas en pleno invierno. Y regaló botellas de vino con un sol brillante en la etiqueta a cientos de celebridades en todo el continente, incluyendo a la Reina Isabel II.

Pero el alcalde también enfocó su ingenio en atraer una creciente demanda interna deseosa de pasar unas vacaciones de sol y playa. Una vez hasta pagó por adelantado la luna de miel de 60 recién casados del País Vasco y los vascos pronto comenzaron a comprar casas de vacaciones de Benidorm.

Realidad y ficción

Zaragoza, que falleció en 2008, a menudo contaba la historia de cómo viajó una vez a la residencia de Franco en Madrid con su Vespa para convencer al dictador de que las mujeres extranjeras deberían poder llevar bikinis en Benidorm. Pero el documental muestra que no hay registros oficiales de ninguna visita de Zaragoza al Palacio de El Pardo.

Al alcalde también le gustaba jactarse de que el arzobispo de Valencia lo excomulgó por permitir el traje de baño de dos piezas en sus playas, sin embargo, tampoco hay registros de eso.

Tampoco hay evidencia de que emitió un decreto local que permitiera la práctica. En su lugar, todos los testimonios sugieren que Zaragoza, siempre pragmático, simplemente pidió a la policía local que mirara hacia otro lado.

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